Crónica Enlighten Europe 25

Explorando nuevas miradas sobre la iluminación

El encuentro europeo anual de la IALD reunió a profesionales de todo el mundo para explorar el diseño de iluminación desde perspectivas técnicas, filosóficas y sociales. La sesión inaugural, a cargo de Studio Waldemeyer —con Moritz Waldemeyer y Nazanin Farahbod— marcó el tono lúdico y experimental del evento, mostrando cómo el diseño lumínico puede generar asombro a través de tecnologías poéticas como velas LED con movimiento o técnicas de light painting. Más allá de las conferencias, el programa incluyó exposiciones de producto, los enriquecedores Lighting Cross Talk —reuniones breves con fabricantes—, una fiesta en la masía que facilitó conexiones informales, y un walking tour inicial que permitió redescubrir la ciudad de Valencia antes de sumergirse en los contenidos del evento.

Las conferencias no se ordenaron en bloques temáticos, pero escuchándolas pudimos detectar cuatro áreas concretas de investigación que responden a las inquietudes e investigaciones que se están llevando a cabo en el sector de la iluminación.

Percepción, cuerpo y experiencia sensorial

Varios ponentes coincidieron en que la luz no se vive solo con la vista, sino con todo el cuerpo. La percepción del espacio iluminado es multisensorial, emocional y, a menudo, profundamente individual.

Kevan Shaw propuso una reflexión provocadora: “¿Son reales los arcoíris?” A través de este fenómeno óptico, demostró que cada persona percibe el color de forma diferente, y que incluso una imagen tan universal como un arcoíris frontal es irreal desde el punto de vista físico. Esto lo llevó a preguntar si los diseñadores de iluminación somos creadores de realidad o de ilusión.

En esa misma línea, Lisa Dukic defendió que la iluminación arquitectónica puede ser tan narrativa y sensorial como la teatral. La luz no solo revela, sino que crea atmósfera, expectativa, foco o sorpresa, y puede —incluso debe— jugar con la emoción y lo inesperado.

Sostenibilidad más allá de la eficiencia

La idea de sostenibilidad apareció en muchas conferencias, pero no limitada al ahorro energético. Se habló de impacto real sobre los ecosistemas, circularidad y salud humana.

Leela Shanker propuso cambiar las métricas tradicionales asociadas al consumo energético (W/m²) por otras que reflejan mejor el impacto de una decisión de diseño, como GWP (Global Warming potential).

Virginie Nicolas, en una charla tan clara como contundente, recordó que la iluminación urbana afecta a los árboles tanto como a los animales que viven en ellos. Aunque existen luminarias con espectros aptos para el crecimiento vegetal, la mejor opción sigue siendo no iluminar árboles innecesariamente. Mostró algunas soluciones, incluso de alumbrado navideño y ornamental cuidadosas con el entorno.

La Dr. Shelley James fue más allá al conectar luz y salud: defendió que la temperatura de color es un indicador limitado y que debemos observar el espectro completo de la luz. Propuso métricas más cercanas a la biología, como MEDI-lux, y pidió reintroducir el infrarrojo en interiores. Además, llamó a diseñar sistemas circulares y actualizables, con protocolos abiertos y equipos fácilmente reemplazables.

Tecnología como aliada, no como fin

La tecnología no fue glorificada ni temida, sino tratada como herramienta a disposición del diseño y los diseñadores.

Foad Shafighi, al hablar de IA, fue claro: “es solo una herramienta más”. Su valor está en automatizar tareas repetitivas y liberar tiempo para lo que realmente importa: pensar y diseñar.

Shelley James sumó a esto su visión sobre el uso de sensores, wearables y “living labs” como formas de obtener datos que ayuden a crear entornos más saludables sin invadir la privacidad. En esa misma línea, mostró que ya es posible medir cómo nos afectan los espacios —por ejemplo, a través del nivel de cortisol en la saliva—, aunque recordó que la luz no lo es todo: también importa el aire, el ruido o el nivel de CO₂. La clave es estudiar el entorno como un todo.

Replantear qué entendemos por “buena iluminación”

Varios ponentes invitaron a revisar los principios del diseño lumínico actual: ¿es la cantidad de luxes lo que determina una buena iluminación?

Willie Duggan cuestionó las soluciones human-centric lighting. Vivimos, dijo, en un crepúsculo perpetuo: muy poca luz de día, demasiada por la noche, con espectros que no se asemejan a la luz natural y métricas que premian el brillo por encima del bienestar.

Desde otro enfoque, Alberto Barberá y Sara Ortiz, de Col·lectiu Punt 6, recordaron que más luz no equivale a más seguridad, y que la percepción de seguridad varía según quién mira. Propusieron hacer estudios con personas reales, en lugares concretos, para comprender los miedos, deseos y necesidades del espacio urbano nocturno.

Till Armbrüster y Sebastian Hepting, diseñadores de producto, defendieron lo contrario de lo estático. Inspirados en la naturaleza —el fuego, el agua, el viento—, buscan llevar al diseño esa vitalidad cambiante y orgánica que hace de la luz algo vivo.

El conjunto del evento deja una sensación clara: la iluminación ya no puede pensarse solo desde la técnica o la estética. Es una herramienta con consecuencias ambientales, biológicas, sociales y emocionales. Y, por tanto, hay que tratarla con una gran responsabilidad. También hubo momentos para la reflexión sectorial, como la mesa redonda organizada por la APDI sobre cómo enseñar iluminación y conectar con nuevas generaciones de profesionales.

Texto: Rafael Gavira / Elena Peñalta

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